<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-2498885135117873521</id><updated>2011-04-21T11:52:20.240-07:00</updated><title type='text'>Bécquer en versión radiofónica</title><subtitle type='html'>Leyendas para escuchar en compañía</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://lasleyendasdebecquer.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2498885135117873521/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasleyendasdebecquer.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Bea</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://static.flickr.com/2/2978071_f2aab84c74_m.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>5</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2498885135117873521.post-5580896991916073813</id><published>2007-01-08T12:13:00.001-08:00</published><updated>2007-01-08T12:13:27.672-08:00</updated><title type='text'>Ahí va, como el caballo de copas</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://es.geocities.com/inui42/Literarios/becquer.jpg"&gt;&lt;img style="margin: 0pt 10px 10px 0pt; float: left; cursor: pointer; width: 200px;" src="http://es.geocities.com/inui42/Literarios/becquer.jpg" alt="" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;La noche de difuntos me despertó a no sé qué hora el doble de las campanas; su tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;Intenté dormir de nuevo; ¡imposible! Una vez aguijoneada, la imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarle de la rienda. Por pasar el rato me decidí a escribirla, como en efecto lo hice. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces la cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos por el aire frío de la noche. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2498885135117873521-5580896991916073813?l=lasleyendasdebecquer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasleyendasdebecquer.blogspot.com/feeds/5580896991916073813/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2498885135117873521&amp;postID=5580896991916073813' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2498885135117873521/posts/default/5580896991916073813'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2498885135117873521/posts/default/5580896991916073813'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasleyendasdebecquer.blogspot.com/2007/01/ah-va-como-el-caballo-de-copas.html' title='Ahí va, como el caballo de copas'/><author><name>Bea</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://static.flickr.com/2/2978071_f2aab84c74_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2498885135117873521.post-2257752176811452243</id><published>2007-01-08T12:12:00.001-08:00</published><updated>2007-01-08T12:19:25.197-08:00</updated><title type='text'>I - Los primos</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;I&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;—Atad los perros, haced la señal con las trompas para que se reúnan los cazadores y demos la vuelta a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las Animas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡Tan pronto!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras, pero hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, y las ánimas de los difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla del monte.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—No, hermosa prima. Tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún no hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo también pondré la mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos. Los condes de Borges y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron a sus hijos Beatriz y Alonso, que precedían a la comitiva a bastante distancia. Mientras duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida historia:—&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;—Ese monte que hoy llaman de las Animas pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de Castilla, que así hubieran solos sabido defenderla corno solos la conquistaron. Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres. Los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos. Cundió la voz del reto, y nada fue a parte a detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras. Antes la tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no fue una cacería. Fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres. Los lobos, a quienes se quiso exterminar, tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, situada en el mismo monte, y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse. Desde entonces dicen que cuando llega la noche de Difuntos se oye doblar sola la campana de la capilla, y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos. Y al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. Por eso en Soria lo llamamos el Monte de las Animas, y por eso he querido salir de él antes que cierre la noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes llegaban al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel lado. Allí esperaron al resto de la comitiva, la cual, después de incorporársele los dos jinetes, se perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2498885135117873521-2257752176811452243?l=lasleyendasdebecquer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasleyendasdebecquer.blogspot.com/feeds/2257752176811452243/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2498885135117873521&amp;postID=2257752176811452243' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2498885135117873521/posts/default/2257752176811452243'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2498885135117873521/posts/default/2257752176811452243'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasleyendasdebecquer.blogspot.com/2007/01/i-los-primos.html' title='I - Los primos'/><author><name>Bea</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://static.flickr.com/2/2978071_f2aab84c74_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2498885135117873521.post-6989647610115935299</id><published>2007-01-08T12:11:00.002-08:00</published><updated>2007-01-09T02:14:28.818-08:00</updated><title type='text'>II - La trampa</title><content type='html'>&lt;object type="application/x-shockwave-flash" data="http://phobos.xtec.net/iesmatadepera/podcasting/multidewplayer.swf?mp3=http://phobos.xtec.net/iesmatadepera/podcasting/01.mp3" height="20" width="200"&gt;&lt;br /&gt;&lt;param name="movie" value="http://phobos.xtec.net/iesmatadepera/podcasting/multidewplayer.swf??mp3=http://phobos.xtec.net/iesmatadepera/podcasting/01.mp3"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;II&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        Los servidores acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica del    palacio de los condes de Alcudiel despedía un vivo resplandor iluminando algunos    grupos de damas y caballeros que alrededor de la lumbre conversaban familiarmente,    y el viento azotaba los emplomados vidrios de las ojivas del salón. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        Solas dos personas parecían ajenas a la conversación general: Beatriz y Alonso:    Beatriz seguía con los ojos, absorta en un vago pensamiento, los caprichos de    la llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en las azules pupilas    de Beatriz. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        Las dueñas referían, a propósito de la noche de difuntos, cuentos tenebrosos    en que los espectros y los aparecidos representaban el principal papel; y las    campanas de las iglesias de Soria doblaban a lo lejos con un tañido monótono    y triste. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        -Hermosa prima -exclamó al fin Alonso rompiendo el largo silencio en que se    encontraban-; pronto vamos a separarnos tal vez para siempre; las áridas llanuras    de Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos sencillos y patriarcales    sé que no te gustan; te he oído suspirar varias veces, acaso por algún galán    de tu lejano señorío. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;     Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia;    todo un carácter de mujer se reveló en aquella desdeñosa contracción de sus    delgados labios. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        -Tal vez por la pompa de la corte francesa; donde hasta aquí has vivido -se    apresuró a añadir el joven-. De un modo o de otro, presiento que no tardaré    en perderte... Al separarnos, quisiera que llevases una memoria mía... ¿Te acuerdas    cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la salud que    vinistes a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi gorra    cautivó tu atencion. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu oscura    cabellera! Ya ha prendido el de una desposada; mi padre se lo regaló a la que    me dio el ser, y ella lo llevó al altar... ¿Lo quieres? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        -No sé en el tuyo -contestó la hermosa-, pero en mi país una prenda recibida    compromete una voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe aceptarse un presente    de manos de un deudo... que aún puede ir a Roma sin volver con las manos vacías.    &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        El acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un momento al    joven, que después de serenarse dijo con tristeza: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        -Lo sé prima; pero hoy se celebran Todos los Santos, y el tuyo ante todos; hoy    es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la joya,    sin añadir una palabra. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volviose a oír la cascada    voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos y el zumbido del aire    que hacía crujir los vidrios de las ojivas, y el triste monótono doblar de las    campanas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        Al cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a anudarse de este    modo: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        -Y antes de que concluya el día de Todos los Santos, en que así como el tuyo    se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo, ¿no    lo harás? -dijo él clavando una mirada en la de su prima, que brilló como un    relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        -¿Por qué no? -exclamó ésta llevándose la mano al hombro derecho como para buscar    alguna cosa entre las pliegues de su ancha manga de terciopelo bordado de oro...    Después, con una infantil expresión de sentimiento, añadió: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        -¿Te acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y que por no sé qué    emblema de su color me dijiste que era la divisa de tu alma? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        -Sí. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        -Pues... ¡se ha perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un recuerdo.    &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        -¡Se ha perdido!, ¿y dónde? -preguntó Alonso incorporándose de su asiento y    con una indescriptible expresión de temor y esperanza. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        -No sé.... en el monte acaso. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        -¡En el Monte de las Ánimas -murmuró palideciendo y dejándose caer sobre el    sitial-; en el Monte de las Ánimas! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        Luego prosiguió con voz entrecortada y sorda: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        -Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces; en la ciudad, en toda Castilla,    me llaman el rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar mis fuerzas    en los combates, como mis ascendentes, he llevado a esta diversión, imagen de    la guerra, todos los bríos de mi juventud, todo el ardor, hereditario en mi    raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras que he muerto por    mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres; y he combatido con ellas    de día y de noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y nadie dirá que me    ha visto huir el peligro en ninguna ocasión. Otra noche volaría por esa banda,    y volaría gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta noche.... esta noche.    ¿A qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas doblan, la oración ha    sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte comenzarán ahora a levantar    sus amarillentos cráneos de entre las malezas que cubren sus fosas... ¡las ánimas!,    cuya sola vista puede helar de horror la sangre del más valiente, tornar sus    cabellos blancos o arrebatarle en el torbellino de su fantástica carrera como    una hoja que arrastra el viento sin que se sepa adónde. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó en los labios    de Beatriz, que cuando hubo concluido exclamó con un tono indiferente y mientras    atizaba el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la leña, arrojando chispas    de mil colores: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        -¡Oh! Eso de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por semejante friolera!    ¡Una noche tan oscura, noche de difuntos, y cuajado el camino de lobos! &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        Al decir esta última frase, la recargó de un modo tan especial, que Alonso no    pudo menos de comprender toda su amarga ironía, movido como por un resorte se    puso de pie, se pasó la mano por la frente, como para arrancarse el miedo que    estaba en su cabeza y no en su corazón, y con voz firme exclamó, dirigiéndose    a la hermosa, que estaba aún inclinada sobre el hogar entreteniéndose en revolver    el fuego: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        -Adiós Beatriz, adiós... Hasta pronto. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        -¡Alonso! ¡Alonso! -dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando quiso o    aparentó querer detenerle, el joven había desaparecido. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        A los pocos minutos se oyó el rumor de un caballo que se alejaba al galope.    La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus    mejillas, prestó atento oído a aquel rumor que se debilitaba, que se perdía,    que se desvaneció por último. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas aparecidas; el aire    zumbaba en los vidrios del balcón &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;y las campanas de la ciudad doblaban a lo lejos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2498885135117873521-6989647610115935299?l=lasleyendasdebecquer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasleyendasdebecquer.blogspot.com/feeds/6989647610115935299/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2498885135117873521&amp;postID=6989647610115935299' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2498885135117873521/posts/default/6989647610115935299'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2498885135117873521/posts/default/6989647610115935299'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasleyendasdebecquer.blogspot.com/2007/01/ii-la-trampa_08.html' title='II - La trampa'/><author><name>Bea</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://static.flickr.com/2/2978071_f2aab84c74_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2498885135117873521.post-1355693871700321174</id><published>2007-01-08T12:11:00.001-08:00</published><updated>2007-01-09T02:06:36.698-08:00</updated><title type='text'>III - El sueño de Beatriz</title><content type='html'>&lt;object type="application/x-shockwave-flash" height="20" width="200" data="http://phobos.xtec.net/iesmatadepera/podcasting/dewplayer.swf?mp3=http://phobos.xtec.net/iesmatadepera/podcasting/02.mp3"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;object type="application/x-shockwave-flash" height="20" width="200" data="http://phobos.xtec.net/iesmatadepera/podcasting/dewplayer.swf?mp3="&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="TEXT-ALIGN: center" align="center"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:10;"&gt;III&lt;?xml:namespace prefix = o /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:10;"&gt;Había pasado una hora, dos, tres; la media roche estaba a punto de sonar, y Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no volvía, no volvía, cuando en menos de una hora pudiera haberlo hecho. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:10;"&gt;-¡Habrá tenido miedo! -exclamó la joven cerrando su libro de oraciones y encaminándose a su lecho, después de haber intentado inútilmente murmurar algunos de los rezos que la iglesia consagra en el día de difuntos a los que ya no existen. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:10;"&gt;Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de seda, se durmió; se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:10;"&gt;Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños las vibraciones de la campana, lentas, sordas; tristísimas, y entreabrió los ojos. Creía haber oído a par de ellas pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, y por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:10;"&gt;-Será el viento -dijo; y poniéndose la mano sobre el corazón, procuró tranquilizarse. Pero su corazón latía cada vez con más violencia. Las puertas de alerce del oratorio habían crujido sobre sus goznes, con un chirrido agudo prolongado y estridente. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:10;"&gt;Primero unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban paso a su habitación iban sonando por su orden, éstas con un ruido sordo y grave, aquéllas con un lamento largo y crispador. Después silencio, un silencio lleno de rumores extraños, el silencio de la media noche, con un murmullo monótono de agua distante; lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que se arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas que casi se sienten, estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve y cuya aproximación se nota no obstante en la oscuridad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:10;"&gt;Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinillas y escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la frente, tornaba a escuchar: nada, silencio. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:10;"&gt;Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que se movían en todas direcciones; y cuando dilatándolas las fijaba en un punto, nada, oscuridad, las sombras impenetrables. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:10;"&gt;-¡Bah! -exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre la almohada de raso azul del lecho-; ¿soy yo tan miedosa como esas pobres gentes, cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura, al oír una conseja de aparecidos? &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:10;"&gt;Y cerrando los ojos intentó dormir...; pero en vano había hecho un esfuerzo sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse más pálida, más inquieta, más aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta habían rozado al separarse, y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el rumor de aquellas pisadas era sordo, casi imperceptible, pero continuado, y a su compás se oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz lanzó un grito agudo, y arrebujándose en la ropa que la cubría, escondió la cabeza y contuvo el aliento. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:10;"&gt;El aire azotaba los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía con un rumor eterno y monótono; los ladridos de los perros se dilataban en las ráfagas del aire, y las campanas de la ciudad de Soria, unas cerca, otras distantes, doblan tristemente por las ánimas de los difuntos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:10;"&gt;Así pasó una hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin despuntó la aurora: vuelta de su temor, entreabrió los ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de seda del lecho, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio había visto sangrienta y desgarrada la banda azul que perdiera en el monte, la banda azul que fue a buscar Alonso. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-family:Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana;font-size:10;"&gt;Cuando sus servidores llegaron despavoridos a noticiarle la muerte del primogánito de Alcudiel, que a la mañana había aparecido devorado por los lobos entre las malezas del Monte de las Ánimas, la encontraron inmóvil, crispada, asida con ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la boca; blancos los labios, rígidos los miembros, muerta; ¡muerta de horror!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2498885135117873521-1355693871700321174?l=lasleyendasdebecquer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasleyendasdebecquer.blogspot.com/feeds/1355693871700321174/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2498885135117873521&amp;postID=1355693871700321174' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2498885135117873521/posts/default/1355693871700321174'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2498885135117873521/posts/default/1355693871700321174'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasleyendasdebecquer.blogspot.com/2007/01/iii-el-sueo-de-beatriz.html' title='III - El sueño de Beatriz'/><author><name>Bea</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://static.flickr.com/2/2978071_f2aab84c74_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-2498885135117873521.post-9085511048354438649</id><published>2007-01-08T11:57:00.000-08:00</published><updated>2007-01-08T11:58:08.781-08:00</updated><title type='text'>IV - El hallazgo del cazador</title><content type='html'>&lt;object type="application/x-shockwave-flash" data="http://phobos.xtec.net/iesmatadepera/podcasting/dewplayer.swf?mp3=http://phobos.xtec.net/iesmatadepera/podcasting/03.mp3" height="20" width="200"&gt;&lt;br /&gt;&lt;param name="movie" value="http://phobos.xtec.net/iesmatadepera/podcasting/dewplayer.swf??mp3=http://phobos.xtec.net/iesmatadepera/podcasting/03.mp3"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/object&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="text-align: center;" align="center"&gt;&lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;IV&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;span style="font-family:Verdana,Arial,Helvetica,sans-serif;"&gt;&lt;span style=";font-family:Verdana;font-size:10;"  &gt;        Dicen que después de acaecido este suceso, un cazador extraviado que pasó la    noche de difuntos sin poder salir del Monte de las Ánimas, y que al otro día,    antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas horribles. Entre otras,    asegura que vio a los esqueletos de los antiguos templarios y de los nobles    de Soria enterrados en el atrio de la capilla levantarse al punto de la oración    con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas de corceles, perseguir    como a una fiera a una mujer hermosa, pálida y desmelenada, que con los pies    desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor    de la tumba de Alonso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2498885135117873521-9085511048354438649?l=lasleyendasdebecquer.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lasleyendasdebecquer.blogspot.com/feeds/9085511048354438649/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=2498885135117873521&amp;postID=9085511048354438649' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2498885135117873521/posts/default/9085511048354438649'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/2498885135117873521/posts/default/9085511048354438649'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lasleyendasdebecquer.blogspot.com/2007/01/iv-el-hallazgo-del-cazador.html' title='IV - El hallazgo del cazador'/><author><name>Bea</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://static.flickr.com/2/2978071_f2aab84c74_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
